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Miedo + conflicto de…

El miedo origina biologizaciones orgánicas, somatizaciones muy diferentes dependiendo de los matices de la coloración conflictiva. En términos de sentimientos, el miedo puede afectar a numerosos órganos distintos. Además, cualquier conflicto puede ser un conflicto de miedo más otro sentimiento.

Un problema óseo, por ejemplo, puede tener su origen en un conflicto de miedo a no ser valorado. Un problema de piel puede ser consecuencia del miedo a que nos separen de un ser querido.

El miedo acentúa la intensidad del sentimiento. Por ejemplo, una persona desvalorizada puede sufrir una descalcificación ósea y otra persona que tenga miedo a que no la valoren y la humillen puede sufrir una necrosis cancerígena de los huesos. El miedo a que nos desvaloricen, o a no tener comida, o a cualquier otra cosa, provoca exactamente los mismos conflictos que si realmente nos desvalorizaran o no tuviéramos comida.

Miedo real o imaginario

Con el miedo, nos encontramos en el terreno de lo imaginario, aunque su función principal y fundamental (¿funda-mental?) es devolvernos a la realidad.

A un hombre le reducen el sueldo mensual y pasa de cobrar quince mil pesos a cobrar doce mil. Este hombre empieza a experimentar miedo a morirse de hambre, y este conflicto provoca la aparición de nódulos en el estómago.

Si un día nos encontramos frente a una fiera, o incluso a un perro rabioso, es cierto que la situación encierra un peligro real. Sin embargo, incluso en una escena sí, el miedo nos sitúa en una especie de imaginario realista, muy probable, en el que vemos que el animal nos devora. Pero esto es sólo el imaginario: en ese momento, la fiera no nos está atacando.

El miedo nos permite anticipar un problema, en este caso un problema muy probable. No obstante, a menudo solemos anticiparnos a problemas totalmente improbables, falsos, como creer que vamos a morir de hambre por pasar de quince mil a doce mil pesos al mes.

En un caso así, la imaginación se convierte en una herramienta delirante.

Tanto en un caso como en el otro, la biología no distingue entre lo real y lo imaginario. El miedo en un ejemplo-tipo. Estamos en el terreno imaginario, pero no lo sabemos, y tomamos el objeto que provoca el miedo como si fuera real.

Terapia

Durante las sesiones terapéuticas, solemos pedirles a los pacientes que se expongan realmente a sus miedos, a sus fobias, y en un 99% de casos, se dan cuenta de que el miedo era ilusorio, muy por debajo de lo que se esperaban.

Casi siempre, el hecho de no arriesgarse a la confrontación alimenta el miedo imaginario y la problemática. Cuando personas adultas acuden a terapia y recuerdan un acontecimiento de su infancia ante el cual no se atrevieron a expresar sus emociones, les proponemos que liberen esas emociones en un ambiente infantil (sentados en el suelo, formando un círculo, un escondite especial o cualquier otra representación de un espacio simbólico).

En este espacio, pueden ponerse en la piel del niño de aquella época frente al aterrador padre, y se dan cuenta, por ejemplo, de que si el padre hubiera sabido cómo se sentía el niño, habría actuado de otra manera.

Impotencia

El miedo no solo nos coloca en una realidad virtual sino que, además, nos impide reaccionar porque no podemos influir sobre los acontecimientos imaginarios ni tenemos solución para problemas que no existen.

Las personas angustiadas anticipan el futuro en negativo, pero no pueden reaccionar porque están en el terreno de lo imaginario.

Ahora bien, a menudo, cuando estas personas tienen un problema real, saben muy bien cómo reaccionar, enfrentarse a él y buscar la mejor solución.

Lucas